Notas para hacer agencia
De ODS
NOTAS PARA HACER AGENCIA
- De verdad que hubo un principio.
El esquema que nos planteamos en un principio para construir la Agencia Precaria Todas Azien (por entonces no teníamos claro el nombre, producto de algún delirio colectivo) estaba formado por cuatro “patas” articuladas magistralmente entre sí: la del punto de información o asesoría individual, la de los talleres donde los problemas individuales podrían ser colectivizados y traducidos en posibles conflictos, la del espacio de encuentro en el que confluirían a la vez el deseo de socializarse de muchas mujeres y la necesidad de solventar algunas necesidades – pensamos en montar un locutorio/cyber, un mercadillo/ trueque, un tablón de anuncios físico y otro virtual, y la pata comunicativa de dentro- fuera que contendría varios dispositivos simultáneos: una súper heroína, un culebrón de radio precario y unas salidas puntuales de la agencia orquestadas por los encantos de la súper heroína precaria. AZien marcaría todos los lugares en los que íbamos a aparecer en batalla flagrante contra la precariedad y, con ella y sus marcas, recorreríamos campantes toda la ciudad (que por supuesto todo el mundo reconocería). Ah, y todo articulado y cruzado por la radio, que lejos del modelo de altavoz del activismo, sería un espacio de producción de laboratorios sonoros, de programas precarios, de escenario atractivo desde el que enganchar todas las ramificaciones posibles de la agencia. Y todo esto encajaba perfectamente tal cual. Flipa.
Lo apasionante en esta historia es que se trata de un proceso vivo y eso significa, entre otras cosas, que los presupuestos de los que partimos se van modificando. Los idearios comenzaron en los tiempos en el que mujeres de Precarias a la Deriva hablábamos de la necesidad de construir un espacio de agregación desde el que pensar juntas formas de combatir esto de la precariedad, desde el que inventar formas de politización que rompiesen con los modos que habíamos conocido hasta entonces y que pensábamos que ya no servían para responder a tantas interrogantes abiertas ante la inestabilidad y la incertidumbre de nuestras vidas. Este camino no fue lineal, ni siquiera sostenido. La batalla ganada por la Eskalera Karakola y la cesión a este proyecto de dos locales permitió retomar este deseo, que no todas ni siquiera vivimos de igual modo. Luego vinieron unos talleres para inventar el cómo de la Agencia con otras mujeres, y en unos meses, una inauguración. Eso fue hace justo un año.
Estar insertas en un proceso significa que vamos construyendo poco a poco el sentido de esta Agencia. Significa, por ejemplo, que el esquema previo del que partíamos se ha modificado sustancialmente. Esto para nosotras es muy positivo:(además del alivio de no tener que hacer todo eso de la plancha y la súper heroína, también porque supone que la experiencia y las prácticas, el contagio con otras realidades, con otras mujeres y otras formas de hacer nos van diciendo algo de su validez, de lo que sirve y lo que no. Supone por ejemplo que en el momento actual en el que estamos prioricemos los talleres y las alianzas articuladas en torno a un problema común como los cuidados y desplacemos la dependencia inicial del punto de información o del espacio de encuentro que nunca llegamos a construir. Supone que volvamos a hablar de la Caja de Resistencia. Que no tengamos una fórmula hecha, que vayamos perfilando el sentido entre todas; que inventemos este proceso sobre la marcha, que se nos aparezca como un reto constante con los únicos objetivos claros de crear escenarios reales de resistencia colectiva. Eso es lo apasionante.
Por eso, este texto está compuesto por múltiples voces (de ahí la heterogeneidad de sus narraciones) y por algunos fragmentos de las partes que consideramos más destacables en nuestro actual momento de “hacer agencia”: el punto de información, los talleres, las alianzas, y las herramientas de “desprecarización”. Es una composición, por tanto, totalmente situada. Una composición que intenta dar(nos) pistas sobre los aciertos y los errores del camino que vamos transitando en esta tarea, sin duda compartida, de ir construyendo pequeñas y grandes batallas contra la vulnerabilidad y el aislamiento en las que parecen haberse insertado nuestras vidas.
- El punto, ¡pero qué puntazo!
A lo largo del camino recorrido por la agencia este año el punto de información ha pasado por muy distintos momentos y nos ha enfrentado de forma poderosa al conflicto entre expectativas y realidad.
Nace como un espacio fijo semanal (sábados de 17:00 a 20:00) que suponíamos funcionaría como puerta de entrada a demandas, consultas, curiosidades y energías varias a partir de las cuales generaríamos vínculos de reciprocidad y articularíamos batallas agencieras.
Vínculos de reciprocidad por que nuestra intención, tanto en el punto de información como en el resto de facetas de la Agencia, no era la de situarnos como expertas frente a alguien “que no sabe”; el objetivo era establecer una relación en la cual ambas partes intercambiásemos y nos enriqueciéramos con los saberes de la otra, y construyéramos juntas otros nuevos. Las reflexiones de mujeres que habían llevado espacios de asesoría de distintos tipos en otros marcos fueron una clave para este posicionamiento: ellas nos insistieron en los problemas de la delegación y la relación de servicio de tipo clientelar que se da si no se pone en el centro la reciprocidad. La idea era sustituir el «vengo aquí a que me resuelvas este problema» por la pregunta «¿qué podemos hacer juntas?» (entre tu problema, los saberes de todas, este espacio y las energía que pueda canalizar).
Con esa idea en mente preparamos un protocolo de atención atravesado por esa pregunta; preparamos varias herramientas: el diario, los dossieres y las fichas, con un apartado donde se recogen los saberes, recursos y experiencias que ese caso haya aportado a la Agencia; e improvisamos algunas formas de difusión: pegadas de carteles, reparto de folletos que repartíamos mientras hablábamos con la gente.
La gente que se acerca a partir de este trabajo no es muy numerosa y nos sorprende que el principal interés que parece existir más allá de los problemas concretos es el encontrarse y compartir: se impone el deseo de socialidad.
Por otra parte, vamos viendo nuestras limitaciones a la hora de ser resolutivas con las dificultades más materiales y concretas. Además, la gente muestra muchos reparos a emprender otras formas de acción que señalen y aborden las fuentes de sus precariedades: en muchos casos prefiere cambiarse de trabajo o de ciudad ante situaciones de abuso laboral o violencia de género antes que “montar jaleo”.
Reflexionamos sobre esto, sobre el sentido del punto de información y su viabilidad, y aparecen algunas conclusiones:
- que no puede ser un espacio simplemente de espera, que la oportunidad de encontrarnos semanalmente es algo a aprovechar: para organizar los talleres de formación colectiva, para ponernos las pilas con los dossieres de información que poco a poco vamos haciendo, para dar un toque a las personas que se han acercado- hacer “seguimiento” - o adelantar gestiones que se derivan de esos encuentros, para reflexionar, crear, proponer... - que son lógicas las reticencias de la gente a embarcarse en una batalla con unas mujeres que acaban de conocer y que para facilitar ese paso es necesario trabajarse la confianza, generar un vínculo, darle continuidad a la relación.
Relacionada con este último punto nos resulta inspiradora la experiencia de AC! París, una agencia de la capital francesa que además de recibir a gente en su local saca a la calle el chiringuito: se van a los centros de servicios sociales o a las oficinas de empleo con unos termos de café y preguntan a la gente, arman corrillo, encienden ánimos e inician procesos de empoderamiento en esos mismos escenarios.
Comenzamos a planificar las salidas del punto de información a la calle(si las precarias no van al punto, el punto irá a las precarias) pero teniendo en cuenta que no podemos ir en vacío, sino que necesitamos una propuesta que permita dar continuidad a las relaciones que iniciemos y aglutinar intereses: una salida a la oficina del INEM con propuesta de taller sobre estrategias para sobrevivir con pocos euritos parece que es la que más gusta (ya que es una situación familiar para todas), aunque también se apunta una turné por las parroquias y centros que dan trabajo a empleadas domésticas y las forman (¿o de-forman?) para que sepan comportarse correctamente ante sus empleadoras (para que sean domésticas domesticadas, vaya).
En estas nos andábamos cuando las alianzas surgidas al hilo del 8 de marzo y las jornadas de cuidados llegan a su punto álgido y absorben nuestros intereses y fuerzas; la agenda se llena y las salidas quedan postpuestas, a la espera también de conocer otras formas y otras prácticas: Terrassa es la próxima parada.
- Los talleres: una sólo sabe cómo empiezan, y nunca como continuarán.
En los talleres trabajamos sobre situaciones o problemas específicos con el objetivo de compartir y producir conocimiento colectivamente y también de pensar y llevar a la práctica respuestas concretas que nos sirvan para modificar la situación y/o empoderarnos frente a ellas. Podemos considerarlos, por tanto, como un espacio de autoformación y politización, pero también de producción de resortes para la acción y la justicia desde abajo.
Hasta el momento los talleres se han planteado, no tanto a partir de situaciones detectadas en el punto de información, sino a partir de intereses compartidos por quienes participamos en la agencia habitualmente.
En un principio, programamos los primeros pasos de la agencia precisamente a partir de ocho talleres de autoformación, abiertos a quien estuviera interesada, que permitirían capacitarnos para atender el punto de información pero también ir politizando diferentes situaciones y enredándonos con quien asistiera a ellos (trabajo asalariado, vivienda, extranjería, violencia de género, salud, mundo laboral no asalariado y recursos sociales). En estos talleres contábamos con alguna persona experta sobre el tema pero también con todos los saberes de la experiencia de quienes asistíamos... o, al menos, las ganas de saber. A lo largo del camino recorrido los talleres se han ido consolidando como un espacio vivo de trabajo colectivo en el que hemos podido ir preparando y fortaleciendo alianzas (talleres sobre trabajo doméstico), aprendiendo juntas y poniendo en común nuestras inquietudes y experiencias vitales y políticas (discusiones de textos, otras experiencias de luchas –p.ej. en Argentina, callcenters...-, situación política en Ecuador) y constituyendo una línea de reflexión y acción sobre las violencias sexistas cotidianas (al primer taller de autoformación sobre violencia siguieron otros sobre “amor”, en donde se pusieron en el centro nuestras experiencias amorosas cotidianas, y otros más específicos para proponer diferentes formas de afrontamiento... )
A día de hoy, los talleres se van consolidando como un espacio central en la agencia en el que vamos intentando trabajar desde esa doble intención planteada desde el principio: ofrecer respuestas que funcionen y construir conflicto y politización a partir de nuestros malestares cotidianos y nuestros deseos de producir vida más vivible. Sus contenidos y metodologías están abiertos y en continua revisión. Junto con los objetivos más explícitos e instrumentales de cada taller, la dinámica continuada de éstos (que habitualmente se llevan a cabo en el mismo horario y lugar del punto de información) ha contribuido a consolidar un espacio de discusión y trabajo atravesado por la construcción de afectos y confianza.
- Siempre mejor con otras que sola y sin poderío. Las alianzas:
Ante las dudas que suscitaba entre varias de nosotras el punto de información y su capacidad de generar el tipo de dinámica que queríamos para la Agencia, empezamos a pensar en sumar a la apertura del punto un trabajo sobre las alianzas. ¿Qué demonios es eso? Pues una especie de arte de hilandera, que tira de los hilos que ve que tienen potencia, pone ahí la atención y las energías. Un arte que teníamos que inventarnos por el camino, pero que no podía esperar a que los procesos colectivos con más potencial de politización del cotidiano, la precariedad, los cuidados, llegaran a nuestras puertas: teníamos que escuchar aquello en lo que algunas de la agencia ya estábamos y ponernos a potenciar y trabajar el lazo.
1. Con SEDOAC.
En estas reflexiones estábamos cuando tuvieron lugar las jornadas "reflexiones feministas sobre la organización social de los cuidados", organizadas desde la Eskalera Karakola con otros grupos de mujeres de la Mesa del 8 de marzo. Allí conocimos a dos mujeres latinas, empleadas de hogar, de SEDOAC (servicio doméstico activo) que habían iniciado una campaña de recogida de firmas por la equiparación del régimen de servicio doméstico al estatuto de los trabajadores. La campaña suscitaba dudas entre otras mujeres de una asociación histórica de empleadas de hogar que conocíamos. Sin embargo, como no es común ver a mujeres inmigrantes del servicio doméstico organizarse, decidimos que merecía la pena acercarse más.
El primer paso fue invitarlas a un taller sobre herramientas legales y sindicales en el ámbito de los trabajos «especiales», aquellos que tienen una regulación distinta, que no entran en el estatuto de los trabajadores: doméstico, autónomo, cooperativas. Ahí nos enteramos por su propia boca que tanto la asociación como la propuesta de campaña eran una creación de AESCO, una asociación de inmigrantes, fundamentalmente colombianos, muy ligada al PSOE y a UGT. Una sospecha asaltó nuestras cabezas: ¿coincidiría aquello con una iniciativa legislativa del gobierno de Zapatero? Sabíamos que se estaba preparando una reforma del estatuto del trabajo autónomo, ¿tal vez se estaba preparando también una reforma del régimen especial de servicio doméstico y AESCO había creado a SEDOAC para legitimarla? (una práctica socialdemócrata por otra parte muy habitual). A la vez, en el propio taller, al que acudieron también algunas empleadas de hogar sueltas, vimos una fuerza y una honestidad en las mujeres de SEDOAC que no tenía nada que ver con estas maniobras y que nos animaba a ahondar en el lazo.
El segundo paso fue invitarlas a participar en la manifestación del 8 de marzo, que tenía como lema "por una reorganización social de los cuidados". Mientras presentábamos la propuesta durante el taller mensual que ellas hacían junto con AESCO, descubrimos verdadero entusiasmo y afinidad por parte de muchas de ellas respecto a los cuidados: los ojos se iluminaban mientras hablábamos de la invisibilidad de este trabajo, la hiperexplotación, su importancia social, la necesidad de que deje de ser una cosa de mujeres y se convierta en una preocupación pública y colectiva. También vimos el hieratismo de un par de mujeres de AESCO que había por ahí e impartían un taller infame de autoestima. A esta presentación, le siguió una visita conjunta a una radio latina para hablar de la situación de las empleadas de hogar y convocar la manifestación entre domésticas latinas. Y luego la rueda de prensa y la manifestación: para ellas era la primera vez que participaban en una manifestación y vaya si lo disfrutaron.
Tras la manifestación, todo se intensificó. Nosotras no queríamos (¡ni podíamos!) ser un aparato más que venía a intentar instrumentalizarlas, como estaba haciendo AESCO, pero sí que nos parecía importante compartir de algún modo nuestras dudas. Así que, sin criticar nunca a AESCO y respetando su decisión de estar con ellos, empezamos a decirles que pensábamos que el PSOE preveía un cambio en el régimen especial y también les preguntamos si entendían bien la propuesta que estaban defendiendo y que les había dado AESCO. Nos confesaron que no. Y esto dejó claro cuál debía ser el siguiente paso: una cita con una abogada que colabora con la Agencia para estudiar juntas la propuesta y entenderla mejor. Esta cita marcó un punto de inflexión crucial: conforme la abogada iba traduciendo la propuesta a sus palabras, las mujeres de SEDOAC se iban indignando más y más de la timidez de las cláusulas, de la nimiedad del cambio real que suponían. Y ahí empezó un proceso muy interesante de autonomización: elaboraron una nueva propuesta, que presentaron a AESCO; empezaron a contarnos todo tipo de detalles sobre la sucia instrumentalización por parte de esta organización. Relatarlos forma parte del anecdotario, pero sí que es importante señalar que una de las cosas que les pedían (y que a ellas más les indignaba) era que aparecieran públicamente como pobres mujeres desgraciadas. También que AESCO utilizaba el nombre de SEDOAC como le venía en gana, sin consultarles.
A partir de ese momento, empezamos a trabajar codo con codo con las mujeres de SEDOAC. Descubrimos también algunas de los problemas del grupo: al haber sido creado desde arriba, en realidad no existen como tal organización y, en verdad, ahora casi se trata de crearla, eso sí, a partir de la determinación de las 4 mujeres de la directiva, que es mucha, y con un apoyo por nuestra parte que debe ser muy cuidadoso para producir autoorganización y no delegación. Una de las cosas que más estimulante resulta es que, en contra de lo que nos pasa a la mayoría de nosotras en otras batallas, ellas están convencidas de que pueden ganar, y eso nos contagia a nosotras.
En estos momentos, se nos abren dos líneas de trabajo común, que aparecieron claramente el sábado 12 de mayo, en el primer taller público que convocamos conjuntamente con ellas:
1.- la coyuntura se ha precipitado: el PSOE ya ha anunciado la reforma del régimen doméstico, en relación con la ley de dependencia, y la negociación con los sindicatos se abrirá a finales de mayo. El problema fundamental es que, aunque supone una reforma parcial, se divide entre «cuidadoras especializadas» (con más derechos y sueldo) y simples empleadas de hogar. El cuidado de niños no se incluye entre el «cuidado especializado». Por su parte, el sector más establecido, que reúne a asociaciones históricas de empleadas de hogar, pero también a los «agentes intermedios» (ONG's, iglesia) se están activando para tener algo que decir al respecto, eso sí, desde una óptica que tiende a pacificar el conflicto y no parece incluir la voz de las mujeres inmigrantes. En este marco, parece importante crear alianzas con algunas de las asociaciones de empleadas de hogar para generar un desplazamiento y poder abrir una batalla común, aprovechando la coyuntura de cambio legislativo;
2.- tal y como salió de manera muy clara en el último taller, hay cosas que van más allá de la ley y sus modificaciones posibles: porque por muchas mejoras que incluya, el propio carácter privado de la relación, dentro de una casa, a solas, y el tipo de subalternidad que crea la ley de extranjería genera situaciones de mucha vulnerabilidad al chantaje y al acoso. De ahí la importancia de trabajar a un ritmo propio: a) la creación de una red de apoyo entre domésticas contra estas situaciones; b) la invención de lemas y formas de visibilidad pública que expresen un basta colectivo contra la impunidad en el ámbito privado, contra el encierro del régimen interno, contra la naturalidad de que una empleada de hogar esté ahí al servicio de otros a costa de sí misma.
¿Cuál creemos que puede ser el papel de la Agencia en todo esto? Creemos que triple: a) compartir recursos, saberes y contactos que hemos acumulado entre unas y otras en nuestros propios procesos de politización; b) crear un marco que facilite las alianzas con otros ámbitos de cuidadoras: ayuda a domicilio, asistentes personales... pero también: cuidadoras no asalariadas (la mayoría de las mujeres y algunos hombres) o gentes como el Foro de Vida Independiente, que nos obligan a pensar el cuidado desde una idea muy radical de la multiplicidad humana y la interdependencia; c) crear documentación y narraciones a partir de todo lo que vayamos aprendiendo en el proceso, que pueda servir a otras.
Con todo y con eso ¿por qué la agencia habría de meterse en estos berengenales? Al fin y al cabo ninguna de las componentes iniciales somos empleadas de hogar, no vivimos ni de lejos las situaciones de las que nos hablan, ¿qué sentido tiene entonces para nosotras esta batalla? ¿Qué hay de nosotras en cada taller, en cada encuentro? ¿Por qué estamos en esa batalla y no en otra que tenga más que ver con nuestras vidas? La diferencia con las supuestas “otras” no es un problema, es parte inherente a todo proceso que se tome lo común en serio y no lo tome de forma instrumental o interesada: la pregunta es, entonces, ¿cómo elaboramos eso común, el sentido de esos encuentros? A nosotras, además de por nuestras biografías personales, que nos interpelan de diferentes modos (como cuidadoras de distintas condiciones, como limpiadoras por pasta en momentos puntuales, como cuidadas, como cabreadas por haber visto a nuestras madres y abuelas limpiando y cuidando tanto en casa como fuera para ganarse la vida), nos va algo en esto: desde hace mucho tiempo venimos hablando de los cuidados y la necesidad de construir una lucha por una reorganización social de los cuidados, como uno de los conflictos cruciales contra los procesos actuales de precarización. Hoy sentimos que esa lucha no puede darse sino en declinaciones concretas como la de esta batalla por la equiparación en derechos y contra el chantaje de las empleadas de hogar y en el fino entrecruzamiento de esta batalla con otras. Además, y en otro plano, el contacto con empleadas de hogar que vienen de otros continentes nos obliga a replantearnos nuestra concepción del cuidado y nuestra propia posición en la actual organización global de los cuidados.
2. Con el Foro de Vida Independiente.
El Foro Vida Independiente es una comunidad virtual conformada desde el 2001 constituido por más de 500 personas de todo el estado español. Es un espacio desde dónde reivindicar los derechos de personas con diversidad funcional y luchar contra la discriminación. Algunas líneas de pensamiento de este colectivo tienen como referente al movimiento vida independiente de Estados Unidos, originado en la década de los 60.
El primer contacto con personas de este movimiento se da en septiembre del 2006, pocos meses antes de la aprobación de la Ley de Promoción de Autonomía Personal para Personas en Situación de Dependencia. Esta ley, que había sido promocionada con bombos y platillos desde los medios, era fuertemente criticada por este colectivo. Aunque desde la Agencia no habíamos tratado la futura Ley de forma desmenuzada, intuíamos que el Estado proponía unas medidas parciales para “ayudar a cuidar”, manteniendo un mal reparto del trabajo de cuidados en contraste con el reclamo feminista: ‘por una verdadera reorganización social de los cuidados’.
Tomando en cuenta la coyuntura de septiembre (votaciones de las enmiendas sobre la ley), surge la necesidad de presionar al parlamento saliendo a las calles. El Foro propone varios días consecutivos de “paseos” frente al Congreso y presentación de pliegos señalando puntos a modificar sobre la ley. Es durante estos paseos, que tenemos la oportunidad de acercamos con una cámara y micrófono para “caminar preguntando” junto a ellos/as. A través de narraciones encarnadas salieron a flote su sabiduría, y sus planteamientos tremendamente radicales a los que toda vida humana querría aspirar: la autonomía, el respeto a la diferencia, y la in-claudicación de la dignidad.
Los paseos finalizan con una acción contundente: un encierro de más de 25 personas con diversidad funcional en las oficinas centrales del IMSERSO en Madrid. En la oportunidad de charlar con varias de estas personas, parecía haber una fuerte resonancia con aspectos del feminismo y de la precariedad. Por un lado, la insistencia del derecho a la diferencia, la lucha contra la discriminación en todos los sectores de la sociedad dominante, el deseo de recuperar el control sobre derechos reproductivos (aspecto que en principio también provoca tensiones), el colocar los cuidados/ asistencia en el centro como herramienta vital, nunca mejor dicho. Todo esto, con un fondo de precariedad, que sin bien no es dicho de esta forma, hace eco al sentir de toda una generación que nos identificamos como “precari@s”. En este caso, el trabajo es un mal negocio que pone en juego prestaciones, obliga a gastar más que a ganar (por costes de desplazamientos, asistentes personales). Además, infravalora las capacidades subjetivas: a través del trabajo repetitivo, venta de cupones, trabajo caridad en centros especiales de trabajo.
Era inevitable sentir la necesidad de aliarnos a este colectivo. La vulnerabilidad de los cuerpos es una realidad de todos/as, porque enfermamos, envejecemos, y con más o menos grado somos interdependientes. Sin embargo, la construcción de esta alianza se enfrenta a muchas dificultades conceptuales y materiales. En primer lugar, la comunicación virtual a través de Internet, elimina tonos y gestos, e impide un cara a cara cotidiano que alimente afinidad. Luego, la misma composición del foro es riquísima y diversa, y por ende compleja. De este modo, se trabaja sobre grandes consensos generales, y a su vez, sobre muchas diferencias y distintas trayectorias que conlleva a muchas aclaraciones, malos entendidos y desacuerdos.
Para el 8 de marzo, dado que el tema central era ‘los cuidados’, decidimos conversar con Tomi Ojeda, del Foro V.I., porque creíamos conocer bastante la postura de las cuidadoras, y más bien poco la postura de quien requiere unos cuidados de forma más sostenida. Fue un intercambio muy rico. Invitamos a Tomi a participar presencialmente en la manifestación, mientras que otras personas de otras ciudades participaron en el debate sobre el trabajo de cuidado de las mujeres enviando consignas, lemas, y un texto escrito por un miembro del Foro que fue repartido. Cruzar con Tomi el espacio nos colocaba en otro lugar hasta entonces totalmente desconocido. Los obstáculos se hacían notar, el gentío era apabullante, hasta que conseguimos colocarnos en la delantera dónde había más aire y espacio.
Este encuentro dejó alegría y ganas de seguir apoyándonos mutuamente. Tomi expresaba la necesidad imperante de su colectivo de hacerse notar saliendo a las calles. Comentamos sobre la forma de cooperar y apoyar la propuesta del Foro de tener un día reivindicativo en septiembre- todavía en debate si convocarlo como “Día del Orgullo de la Diversidad”. Por ahora se han propuesto unas jornadas de acciones y visibilización en Madrid, para lo cual, por más corajudas que sean estas personas, requieren de un despliegue de recursos humanos y materiales. No cuentan con financiación, es decir que sus desplazamientos, alojamiento, y demás, sale de su bolsillo. Cuentan con sus familiares, asistentes personales, y con la colaboración de nosotras en cuanto a asistencia, la Agencia como lugar de encuentro, préstamos de nuestros recursos: megáfono, carteles, etc.
Nos sedujo aliarnos a este colectivo por sus aportaciones en la creación de nuevas concepciones sobre la vida. Cuestiona los requisitos para la inclusión social que se rigen por la lógica del capital. Abre la posibilidad de diversificar la estética. Inventa otras formas de sexualidad con un ímpetu de explorar múltiples geografías de la sensualidad. Ralentiza los tiempos de productividad intensificada a servicio del capital. Anima a concebirnos como vulnerables pero reconoce que esta cualidad podría ser virtud y no defecto. Después de varios meses de lectura de sus textos, manifiestos, y un seguimiento cercano de los debates, se detecta esta sugerente forma de reinventar la vida y de ahí, las puntadas que tejen lentamente esta alianza.
Sin embargo, existe cierta dificultad en crear un puente en el que desde su extremo nos reconozcan como aliadas, y que la relación sea de reciprocidad. Es decir, el descubrimiento de la potencialidad de cada colectivo es asimétrica. Como agencieras, ¿cómo podemos producir contagio? ¿Prestar otro lugar desde dónde pensar y actuar? ¿Acompañar? El acercamiento es lento y cauteloso. Sí, por una cuestión de susceptibilidad presente y suspicacia con causantes históricos, pero también por el escaso contacto o convivencia que solemos tener con personas con diversidad funcional debido a su ‘arresto domiciliario’ que produce un desconocimiento mutuo.
En este punto, el puente está construido parcialmente. Esperamos que en los preparativos para la jornada de lucha en septiembre podamos debatir presencialmente, tal vez proponer talleres (ahora que están imaginando formas posibles de protesta), y ser capaces de interpelarnos mutuamente. Las alianzas requieren reciprocidad para poder generar potencia.
- De instintos precarios, trueques, cajas de resistencia y otros inventos desprecarizadores.
Lo hemos dicho pero lo repetimos: la Agencia de Asuntos Precarios Todas a Cien parte, desde el principio, de la preocupación y apuesta política por ir sustituyendo la precariedad de nuestras vidas por un empoderamiento que consista, básicamente, en desarrollar una capacidad de acompañar procesos de rebeldía ante una situación de injusticia vivida de forma más o menos colectiva, más o menos individual. En este sentido, hablamos mucho, durante algún tiempo, de cómo desprecarizar nuestra existencia, un verbo al que ya no solemos recurrir –quizá por su falta de poesía fonética...– pero que, sin embargo, no hemos dejado de poner en práctica, más como un modo –precario, es nuestro sino– de salir del paso ante situaciones que se nos han ido presentando, que como un modo pensado y planificado de antemano.
Si la precariedad es, entre otras cosas, inestabilidad de los recursos «materiales» con los que contamos (ingresos, vivienda, acceso a la salud, ...), la idea de desprecarizarnos aludía, también, al reto de imaginar una forma de compartir recursos capaz de generar una especie de colchón que amortiguara las situaciones de ahogo y que redistribuyera, en cierto modo, nuestras riquezas y pobrezas. Porque una no carece de todo o no carece de todo de forma continua –aunque las diferencias en las condiciones más materiales de subsistencia son grandes y nada tiene que ver las posibilidades de apañarse de una mujer inmigrante sin papeles que trabaja de empleada doméstica interna y aún no conoce a nadie en la ciudad donde trabaja, que la de una traductora malpagada, desprovista de toda protección social y de cualquier posibilidad de hacer planes a medio plazo debido a la inseguridad de su empleo, pero, sin embargo, autóctona, es decir, con familiares, red afectiva o, sobre todo, alianzas políticas, de las que tirar en casos de siniestro total– y, en este sentido, las formas en las que hemos pensado y experimentado –un poco– apuestan por compartir carencias, pero también, generosidades. Estas formas son, concretamente, la lista de correo Instinto Precario, algunas ideas sobre una futura Comunidad de Trueque y algunas experiencias de Cajas de Resistencia.
La lista de Instinto Precario es anterior a la propia agencia. Lleva ya unos dos años de andadura y ahora cuenta con 105 suscriptores/as. La idea fundacional era crear una red telemática entre gente más o menos afín, más o menos conocida: un espacio con cierta confianza, y no un “segunda mano” al uso, para poner en común todas esas formas de apañarnos que nos hacen expertas e imaginativas “heroínas”, capaces de afrontar situaciones muy complejas desde carencias importantes. En la lista se buscan y ofrecen habitaciones, trabajos, ordenadores, camas, material escolar...; se pregunta por dentistas, masajistas o veterinarios accesibles; se informa de otros proyectos, talleres o encuentros relacionados con formas de empoderar nuestras vulnerables pero poderosas existencias precarias. La confianza es necesaria en un espacio que pretende ir más allá de un dar/pedir, que aspira a poder generar unos lazos de reciprocidad entre las gentes que la componen. Una confianza que podría convertirla en el núcleo del que partir para pensar una comunidad de trueque posible...
Porque la comunidad de trueque es una idea que se planteó como parte de una de las patas de la Agencia en el momento de diseño colectivo del proyecto. Hemos hablado de forma más o menos colectiva y casi siempre informal de cómo podría ponerse en marcha este proyecto, de si requeriría una forma abierta o cerrada de comunidad, de si los intercambios se harían con algún tipo de forma abstracta de valorarlos, de sí se trataría de intercambio de cosas, servicios, tiempos o de todo a la vez.... Hemos previsto hincarle el diente al asunto varias veces, partiendo de un primer taller donde se contarían las experiencias anteriores de este tipo (comunidades de trueque en Argentina, experiencia anterior de un proyecto de trueque en Madrid, bancos de tiempo...), para después comenzar a imaginar sobre esa comunidad posible... Pero aún no nos hemos decidido y en esas andamos...
Lo que no hemos pensado tanto pero si hemos practicado un poco más es una suerte de cajas de resistencia organizadas de forma improvisada y antes situaciones muy diversas e igualmente acuciantes: concretamente, la urgencia de un viaje necesario a su país de una compañera ecuatoriana por motivos familiares, la situación de desahucio de otra, la falta temporal de ingresos de una más y el tremendo momento vivido por otra, tras el incendio de su casa.
En todas estas situaciones hay alguna similitud y miles de interrogantes. Todas estas cajas de resistencia (o de emergencia) se han dedicado a recoger dinero sacado de las huchas y bolsillos de las que podían y querían y entregado a fondo generosamente perdido. También, estas primeras cuatro cajas se han organizado para gente muy implicada en la Agencia. Cada una de ellas ha suscitado dudas relativas a los criterios aplicados para considerar qué es una situación de emergencia y qué no, a si las formas de solidaridad sólo son planteables en forma de dinero, a si la expresión de esta generosidad más o menos informal y espontánea podría pensarse de algún modo más sistemático... Además, todas estas cajas se han impulsado por amigas íntimas de quien lo necesitaba, lo que es sintomático de un límite que no resulta fácil franquear, ¿quién si no la gente más cercana a una puede ser sensible a las situaciones de necesidad que se tiene en un momento dado? ¿Cómo inventar fórmulas que salgan de ese límite, que vayan más allá? ¿Se puede realmente a través de unos “criterios objetivos”?
Pero nunca hemos terminado de abordar la cosa.... Quizás porque hablar de dinero es, al final, un tema peliagudo y nos dan miedo las fricciones, quizás porque significaría hablar sinceramente de nuestras propias situaciones económicas y desvelar las diferencias entre nosotras, quizás porque tememos organizar una forma de “solvencia” colectiva más regular cuando a muchas la propia militancia ya nos cuesta la pasta de esa que no ganamos precisamente por militar, quizás porque no hemos vivido demasiadas experiencias en este sentido que no estuvieran vinculadas a los lazos más convencionales de la familia, la pareja o los amigos... Quizás, quizás, quizás (como dice la canción).
Pero esta última semana otra compañera pasó por dos situaciones muy graves que le exigían obtener urgentemente una cierta cantidad de pasta: la muerte de su padre en Ecuador y las tasas para poder regularizar su situación en España. Esta vez, ante la imposibilidad de tiempo sobre todo, pero también de pasta para volver a tirar de los bolsillos y huchas personales, nos decidimos, por primera vez, a tirar de la hucha colectiva, es decir, del fondo de la Agencia. Como tampoco hubo tiempo para decidir la cosa de un modo totalmente colectivo y, como, además, el fondo de la agencia consiste casi más en dinero prestado y pendiente de devolución, y como hace tiempo que no hemos previsto ninguna forma de generar ingresos... ¡Por fin nos hemos decidido a tratar el tema colectivamente en la próxima cena de valoración de la Agencia del día 2 de junio, es decir, después de las jornadas de Terrassa....! Será un debate que compartiremos con vosotras/os, no lo dudéis.
ANEXO I (Tríptico escrito por un miembro del Foro V.I. en relación a los cuidados)
El estado no se puede esconder detrás de la familia. La liberación de la mujer, con su incorporación a la vida comunitaria social, cívica y laboral no puede ser la excusa que el estado esgrima para negar los apoyos necesarios a las personas que carecen, en mayor o menor medida, de autonomía para desarrollar el modelo de vida que desean.
Los avances médicos han llevado a un incremento en la esperanza de vida y a que enfermedades y accidentes con consecuencia de muerte hayan descendido, dejando vivas a personas con limitaciones funcionales severas.
Las personas con necesidad de apoyos generalizados necesitan que estos sean de calidad y el mejor control sobre la calidad lo pueden ejercer ellos, si se les empodera del control y gestión de los medios para ello.
- El 90% de las personas encamadas e inmovilizadas lo están porque las personas que les atienden no pueden movilizarlas. Ni se puede pedir al encamado que renuncie al derecho al libre desplazamiento, ni exigir a la persona que le atiende en exclusiva que haga un esfuerzo que no puede. Quien promueve esto es un/a MATAHOMBRES-MUJERES.
- El coste de una plaza residencial está alrededor de los 35.000 euros y la atención personal, personal que toca al residente, es de 1 por 20, con lo cual cada residente recibe 3 minutos de asistencia. A eso se le llama granjerización, porque en las residencias nunca se come de caliente y la luz se enciende y se apaga todos los días a la misma hora. ¿Por qué no se le pagan esos 35.000 euros al familiar que cuida al “dependiente”? ¿Por qué no se le dan esos 35.000 euros al “dependiente” para que controle la atención que desea? Todo ello controlado por el estado mediante justificación con nominas, retenciones de IRPF y de Hacienda.
- La atención personal no puede descargarse en una persona en exclusiva porque eso supone encadenar a la persona con limitaciones a quien le atiende y echarlos a un pozo. Con el agravante de que la atención se encomienda a un familiar, mayoritariamente mujer, que no está en el mercado laboral o tiene cualificación baja. Mientras tanto los familiares con empleo y mejor nivel retributivo llevan una vida social plena y se pueden ir tranquilamente de vacaciones.
LAS MUJERES NO SOMOS CARCELERAS. APOYOS PARA LOS ENCAMADOS SOMETIDOS A ARRESTO DOMICILARIO.
LAS ESCLAVAS DEL SIGLO XXI EN ESPAÑA SE LLAMAN CUIDADORAS. ¡¡ NO A LA EXPLOTACION SOCIAL DE LAS CUIDADORAS !!
