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Raúl Argemí nace en La Plata, Argentina, en 1946 en el seno de una familia trabajadora de tradición anarquista. Actor, director y autor teatral en su juventud, así como militante de izquierda, se incorpora en 1969 a la lucha armada clandestina contra la dictadura de su país. En 1974 es detenido y encarcelado. Pasa diez años encerrado en las cárceles de la dictadura militar, dos de ellos en los siniestros pabellones de la muerte.

En esa época recurre a la escritura como forma de huída y comenzó colaborando en prensa. Al salir de prisión fue nombrado jefe de la sección de cultura y director de la revista Claves, en Buenos Aires y colaborador en la edición Cono Sur de Le Monde Diplomatique. En 1986 se incorporó al diario Río Negro, en la Patagonia Argentina (territorio recurrente en su obra literaria), aunque siguió colaborando con publicaciones de Buenos Aires y realizó información cultural en radio y televisión.

En 1997 publicó su primera novela, El Gordo, el Francés y el Ratón Pérez, a la que han seguido tras su traslado a España en 1999 Los muertos siempre pierden los zapatos (XXI Premio Felipe Trigo de Novela), Penúltimo nombre de guerra (XIII Premio Internacional de Novela Luis Berenguer, Premio Brigada 21 a la mejor novela original en castellano 2005, Premio Novelpol 2005, Premio Hammett 2005), Patagonia Chu Chu (VII Premio de Narrativa Francisco García Pavón) y Siempre la misma música (XXVIII Premio Tigre Juan de Novela). Su última novela publicada, Retrato de familia con muerta, recibió el pasado mes de abril el prestigioso Premio Internacional de Novela Negra L’H Confidencial 2008.

Raúl Argemí se ha convertido en uno de los más destacados representantes de la nueva novela negra sudamericana. Su obra ha sido traducida al francés, el italiano y el alemán. Actualmente reside en Barcelona, donde continúa vinculado al periodismo cultural y donde dinamiza diferentes clubes de lectura de novela negra.

 

SIEMPRE LA MISMA MÚSICA
En 1978, mientras Argentina vive los momentos más duros de la dictadura militar, pero también se dispone a festejar el Mundial de Fútbol, el Polaco (un jefe mafioso de medio pelo) confía al Negro Benítez el transporte de un cargamento de droga hasta la frontera con Chile.
El encargo parece fácil, sobre todo porque el transporte se realiza con la anuencia de los militares, pero al poco el asunto comienza a complicarse. Sobre todo con la aparición de Irma la Paraguaya, una mujer peligrosa y deslumbrante que entrelazará para siempre los destinos del Polaco y el Negro. “Cuando nacés, un ángel agarra el violín y toca la música que vas a bailar toda tu vida. Siempre la misma música”.